Relaciones Peligrosas por el Poder; ¿Enfermedad mental o Déficits Psicosociales en la Pareja?


Por: Lcdo. Jonathan Meier
Trabajador Social Clínico

El poder es una forma de control utilizada como medio para dominar a quien el victimario considera débil y con quien puede obtener gratificaciones. Uno de los principales factores psicosociales que han influenciado implícitamente en la manifestación del poder es la sociedad, lo que hasta cierto punto parece ser algo paradójico ya que es la misma sociedad la que rechaza el poder como estrategia de coerción, pero también lo fomenta mediante sus normas patriarcales socialmente aceptadas. Por siglos la figura masculina se ha posicionado como líder de las instituciones principales de la sociedad y lo podemos ver desde el sistema familiar donde aún en la actualidad el hombre es considerado como el que posee las competencias máximas de jefe de familia, proveedor y figura de autoridad, hasta la sagrada iglesia, o ¿alguno de nosotros en lugar de un Papa ha visto a una mujer ocupando este puesto tan importante? Otro factor psicosocial es el consumo de alcohol o drogas. Por sus efectos al desinhibir las emociones y servir como estimulante para personalidades más extrovertidas puede aportar a la manifestación de la conducta violenta. Sin embargo, no existe evidencia empírica que el consumo de alcohol o drogas por sí solos sean la mayor causal de violencia en la pareja. La celotipia o mejor conocida como celos patológicos provoca que quien la padece pueda presentar alteración en el juicio, lo que conlleva a déficits en que el/la victimario/a comprenda su conducta problemática e incluso en los peores casos pueden delirar, lo que significa imaginar cosas que solo en su mente son reales. En cuanto a problemas de salud mental asociados a diagnósticos específicos, se ha observado una correlación estrecha a conductas violentas en algunos trastornos de personalidad como: Trastorno de Personalidad Narcisista, Trastorno Límite de la Personalidad, Trastorno de la Personalidad Paranoide y Trastorno de Personalidad Antisocial. Comúnmente todos comparten el denominador común de déficit en la comunicación lo que conlleva a que acudan a la violencia y el poder como las herramientas predilectas para manejar sus emociones. Pero, ¿te has preguntado alguna vez, qué sentimientos presentan estas personas? La realidad es que estos problemas de comunicación provocan en ellos altos niveles de ansiedad, culpa y sentimientos de pérdida o abandono, además no les resulta fácil diferenciar la intensidad de sus sentimientos por lo que prevenir sus impulsividades les resulta más complicado aún. Una persona que comúnmente es agresora tiene problemas en la interpretación de las emociones, incluso en las suyas propias, por lo que quizás unas lágrimas de miedo o angustia no las perciba con sensibilidad. Su percepción sobre las situaciones conflictivas es algo distorsionada, esto explica el por qué reaccionan violenta e impulsivamente (física o verbalmente) en una situación que les genera estrés y es que partiendo de su pobre juicio sienten la necesidad de estar alerta porque todo les parece una amenaza.

Se ha documentado mucho que el ejercicio del poder es comúnmente manifestado del hombre hacia la mujer. Sin embargo, este problema no es exclusivo del hombre, pues algunas mujeres también cumplen con este perfil. Además, las normas patriarcales que se han impregnado en nuestra cultura no solo afectan a la figura femenina, si no, que el hombre también se ve regulado en su rol de “macho” limitando esto a que las estadísticas puedan ser cuestionables ya que parte de la norma social es que, si un hombre querella abuso por parte de su pareja fémina, le será cuestionada su sexualidad y rol de hombre. Por otro lado, cabe mencionar que las parejas homosexuales no están exentas de encajar dentro del perfil de una relación de poder, pues no existen diferencias significativas entre una relación homoparental a una heterosexual.

El sistema nervioso central se encuentra estrechamente vinculado a conductas relacionadas con la violencia al presentar alteraciones neuropsicológicas a nivel de la corteza frontal, prefrontal, orbito-frontal y estructuras subcorticales como la amígdala que se coordina desde estructuras corticales para inhibir el comportamiento impulsivo. Al presente, se ha identificado que las personas que tienen alguna lesión en la zona amigdalar no logran procesar efectivamente expresiones faciales y presentan limitaciones para manejar el miedo, alteración también identificada en psicópatas adultos. Esto se explica, ya que además la amígdala también se relaciona a actividades de socialización, regulación de las emociones, detección de amenazas y memoria emocional.

Implicaciones del poder en la víctima

El problema del poder es que quien lo ejerce, requiere de conocer cuáles son nuestras vulnerabilidades y es aquí donde comienza este “thriller”. Definitivamente una de las áreas más afectadas es nuestra psiquis. El ejercicio del poder nos lleva a destruir nuestra auto percepción y auto valoración a tal nivel que ya no eres lo primero y te será hasta razonable que tú y tus deseos se conviertan en la sombra de quien “amas”. Por otro lado, el/la agresor/a se siente convencido/a de que sus métodos violentos ya sea mediante la fuerza física o el juego sutil de palabras es la estrategia ideal para manejar los conflictos y diferencias en la relación.

¿Qué gana esta persona al ejercer su poder? Analicemos…

Generalmente percibimos que estamos en una relación de poder cuando nuestra vida social se comienza a limitar y nuestra libertad cada vez se vuelve más prisionera del “amor de nuestra vida”. Pero no olvidemos la parte de las gratificaciones, pues no hay hechos sin propósitos, me explico, veremos cómo comenzamos la relación con ideas y creencias que han sido a lo largo de nuestra vida parte de nuestra esencia como ser humano, pero eso ya no será necesario bajo esa relación de poder, porque ahora será prioridad el secundar sus creencias y necesidades personales y nos hará creer que son las más importantes en la relación. ¿Defenderme? Quizás ni lo pensaremos, pues ya se ha encargado de justificar su comportamiento violento al desplazar toda la responsabilidad en su pareja, pues dirá que si esta dejara de hacer o decir… no se comportaría de esa manera y quizás le terminamos creyendo. Ah y no lo/la subestimemos, pues quizás en el apuro, sus flores, diccionario de palabras en casos necesarios y sus lágrimas muy conmovedoras serán la ficha perfecta para manipular y evadir la responsabilidad de sus actos y si logró manipularte adivina ¿qué? Alcanzó lo que esperaba y ganó.

¿Qué podemos hacer?

El problema del ejercicio del poder en sus diversos ángulos no es una enfermedad de salud mental en sí, aunque como mencioné anteriormente puede ser un factor común generalmente en algunos trastornos de personalidad. Trabajar el problema del abuso de poder en una relación de pareja se puede hacer mediante la psicoterapia donde un/a Trabajador/a Social Clínico o algún profesional de la conducta hace consciente al/la victimario/a sobre las relaciones basadas en la violencia y cómo esta se produce. Estos procesos psicoterapéuticos se pueden llevar a cabo de forma individual o grupal junto a otras personas con problemas similares.

Antes que todo, como víctima debes analizar tus sentimientos, pero con objetividad para evitar engañarte a ti mismo/a. Si observas cambios en tu auto percepción y estado emocional como sentirte triste, inservible, pérdida del control de tu vida, tenso/a, obligado/a a satisfacer a tu pareja o que has tenido que desplazar tus intereses por complacerlo/a, ya tienes indicadores suficientes de que la relación va mal. Es importante reconocer que estos indicadores pueden estar presente en algunos momentos dentro de la relación, pero si es repetitivo entonces encaja con lo discutido durante este artículo. Así que, no podemos esperar mucho, pues se requiere de acciones inmediatas para evitar el aumento del problema o peor aún acostumbrarnos a él. Debido a la capacidad de ajuste de nuestro cerebro, conocido desde la neurociencia como neuroplasticidad. No toda persona que acude a utilizar el ejercicio del poder significa que sea una mala persona, hay casos en los que ellos/as mismos/as no perciben el problema tal cual. Si consideras que la situación se ha vuelto insostenible, el cortarla a tiempo no te liberará de sufrir la separación, pero sí será menos doloroso y tomentoso que vivir una relación prolongada en el malestar. Finalmente, nunca calles y nunca creas sus manipulaciones. Pregúntate, ¿realmente nadie me creerá?, ¿realmente nadie me ayudará?, ¿realmente a nadie le importo? Las respuestas opuestas a estas y otras preguntas que te puedes hacer, son la llave para vencer el poder.

Si te gustó el artículo, compártelo para beneficio de otros. Gracias.

Referecias:

Applegate, J., Shapiro, J. (2005) Neurobiology for Clinical Social Work. New York.    NY. W. W. Norton  & Company, New York.

Berzoff, J., Melano, L. & Hertz, P. (2016) Inside Out and Outside In. Fourth Edit. Lanham, Maryland. Rowman & Littlefield, Maryland.

Corsi, J., Dohmen, M. & Sotes, M. (2004) violencia masculine en la pareja. Buenos Aires, Argentina. Paidos SAICF, Argentina.

Foucault, M. (1988). El sujeto y el poder. Revista Mexicana De Sociología, 50(3), 3-  20. doi:10.2307/3540551

Faunde-Iglesias, H. & Meier-Lebrón, J. (2018) Hombres Violentos: Trastorno Mental o Ejercicio de Poder y Control. Curso SOWO 7410 Teorías Clínicas, 2-13.

Ortega-Escobar, J., & Alcázar-Córcoles, M. Á. (2016). Neurobiología de la agresión y la violencia. Anuario de psicología jurídica26(1), 60-69.

Leave a comment

Dr. Meier es el especialista apasionado y perspicaz que está detrás de nuestra plataforma de servicios terapéuticos. Con un profundo compromiso con la salud mental y familiar, Dr. Meier aporta una gran experiencia y conocimientos a nuestros servicios clínicos.

Sobre el Doctor ›

Newsletter

Pensamientos semanales

Sabemos que los desafíos de la vida son únicos y complejos para cada persona. El trabajo social clínico está aquí para ayudarte a encontrarte a ti mismo y a alcanzar tu máximo potencial.

Sobre el doctor ›